Lágrimas de tristeza inundan los rostros de los fanáticos que a través de una pantalla de televisión acompañan a su ídolo hasta el último momento. El sol parece guardar luto cubriéndose de nubes encapotadas, el viento sopla ligero como murmullando un sutil pésame a los indiferentes oídos de los asistentes quienes entre miradas de rencor, silencios de culpa y confabulaciones de ambición comienzan la retirada sin mirar atrás.
De pronto un gran estruendo retumba desde el cielo y un temblor que comienza tenue acrecienta su ímpetu por debajo de los pies hasta detenerse por completo. Todos giran hacia el sepulcro y quedan estupefactos al distinguir una mano vestida con un guante de diamantes irrumpiendo impetuosamente desde la tierra, luego la otra mano, luego una cabeza, el “Jacko” emergía esforzadamente de su propia tumba cubierto de tierra y vociferando indescriptibles gruñidos de ultratumba coreados por los lúgubres berridos de los muertos en los sepulcros vecinos quienes emergiendo de la misma manera empiezan a arrastrar sus desintegrados cadáveres para ubicarse a los costados del semi-resucitado Rey del Pop.
Estalla el caos. Los reporteros no saben explicar lo que esta pasando, se desatan los horrorizados gritos y los empujones intentando escapar del pavoroso espectáculo. De repente toda la gritería se ve silenciada por una música de sintetizadores que pareciera provenir del cielo mismo y que marca el ritmo de una canción por demás conocida, todos dirigen la mirada hacia Michael quien comienza a golpear la cabeza contra uno de sus hombros al compás de la música y seguido por sus nuevos camaradas de baile inicia su legendaria coreografía.
Lágrimas de alegría inundan los rostros de los verdaderos fans, que a la distancia ofendan sus delirantes gritos de cariño y apoyo incondicional, como siempre lo habían hecho.
Michael Jackson - Entierro - Thriller - Velorio - muertos - fanaticos