14 de octubre de 2011
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By Rudiger
LAS IDEAS YA no son lo que eran. Hubo una vez en que podían encender las llamas del debate, estimular otros pensamientos, alentar revoluciones y, sobre todo, cambiar las formas en que veíamos y pensábamos el mundo....
Adiós a las grandes ideas
por Neal Gabler
LAS IDEAS YA no son lo que eran. Hubo una vez en que podían encender las llamas del debate, estimular otros pensamientos, alentar revoluciones y, sobre todo, cambiar las formas en que veíamos y pensábamos el mundo.

Podían pernear la cultura general y convertir a los pensadores en celebridades: basta con pensar en Albert Einstein, pero también en Reinhold Niebuhr, Daniel Bell, Betty Friedan, Carl Sagan y Stephen Jay Gould, para nombrar solo algunos. Hasta las propias ideas podían alcanzar la fama, como por ejemplo “el fin de la ideología”, “el medio es el mensaje”, “la mística femenina”, “la teoría del Big Ban”, “el fin de la historia”. Una gran idea podía ser tapa de Time: “¿Dios ha muerto?”, e intelectuales estadounidenses como Norma Mailer, William F. Buckley Jr y Gore Vidal hasta podían ser ocasionales invitados a los sofás de los programas televisivos. Eso fue hace mucho tiempo.

Si ahora nuestras ideas parecen menores no es porque seamos más obtusos que nuestros antepasados sino porque las ideas ya no
nos importan tanto como antes. Ahora las ideas que no peden monetizarse de inmediato tienen tan poco valor intrínseco que es menos la gente que las genera y también son menos los medios que las difunden.

No es ningún secreto, sobre todo en Estados Unidos, que vivimos en una era posterior a la Ilustración en la cual la racionalidad, la ciencia, la argumentación lógica y el debate han perdido la batalla en muchos sectores ante la superstición, la fe, la opinión y la ortodoxia. En el plano intelectual, hemos retrocedido de formas avanzadas de pensamiento a formas antiguas de creencia.

El intelectual público queda eclipsado por el experto que reemplaza la reflexión por el exabrupto, y en revistas de interés el ensayo esta en declinación. También esta en auge una cultura cada vez mas visual, sobre todo entre los jóvenes, que es un formato en el que las ideas son mas difíciles de expresar.

Pero la verdadera causa de un mundo que ha dejado a tras las ideas puede ser propia información. En momentos en que sabemos más que nunca antes, pensamos menos en ello.

Gracias a Internet, parecemos tener inmediato acceso a todo lo que podríamos querer saber. En el pasado, sin embargo, reuníamos información no sólo para saber cosas. También lo hacíamos para convertirla en algo más importante que los hechos, en algo que en ultima instancia era mas útil: en ideas que daban sentido a la información. No solo queríamos percibir el mundo, sino también comprenderlo, que es la principal función de las ideas. Las grandes ideas nos explican el mundo.

Pero si la información fue alguna vez útil para las ideas, el transcurso de la última década ha empezado a competir con estas. Nos vemos inundados de tal cantidad de información, que no tendríamos tiempo de procesarla por mas que quisiéramos hacerlo, y la mayor parte de nosotros no lo quiere.

La sima es agotadora: qué hace cada uno de nuestros amigos en cada momento, y qué hará al siguiente; con quien sale ahora Jennifer Aniston, qué video es el más popular en YouTube en este preciso instante.

En efecto, vivimos en el nimbo de una ley de Gresham de información en la que la información trivial desplaza a la importante, pero también se trata de una ley de Gresham de ideas en la cual al información, trivial o no, expulsa a las ideas.

Preferimos saber a pensar porque saber tiene más valor inmediato. Nos mantiene al día, nos mantiene conectados. Sin duda no es casual que el mundo posterior a las ideas haya surgido junto con el mundo de las redes sociales. Si bien hay sitios y blogs dedicados a ideas, Twitter, Facebook, MySpace, Flick, etc., son básicamente intercambios de información, destinados a alimentar la sed de información, si bien difícilmente sea el tipo de información que genera ideas. En su mayor parte es útil, excepto en la medida en que hace que el poseedor de la información se sienta informado. Por otra parte, estos sitios reemplazan el medio impreso, que es donde tradicionalmente se han gestado las ideas.

Son formas de distracción y de antipensamiento.

Las implicaciones de una sociedad que ya no piensa en enormes. Las ideas no son meros juguetes intelectuales. Tienen consecuencias prácticas.

En amigo se preguntaba, por ejemplo, donde están los John Raíl y los Robert Nozick, los filósofos que podrían elevar nuestra política.

Sin duda, se podría argumentar lo mismo en relación con la economía, donde John Maynard Keynes sigue siendo el centro del debate casi ochenta años después de haber propuesto su teoría del estímulo gubernamental. Eso no equivale a decir que sucesores de Rawls y Keynes no existen, pero es improbable que tengan popularidad en una cultura que reserva tan poco espacio a las ideas. Todos los pensadores son victima del exceso de información.

Habrá, por cierto, quienes digan que las grandes ideas han migrado al mercado, pero hay una gran diferencia entre invenciones rentables y las ideas estimulantes en en plano intelectual. Algunos emprendedores como Steven P. Jobs, de Apple, han tenido algunas ideas brillantes en el sentido “inventivo” de la palabra. Esas ideas pueden cambiar la forma en que vivimos, pero no la forma en que pensamos. Corresponden al plano material, no al de las ideas. De lo que hay escasez es de pensadores.

Nos hemos transformado en narcisistas de la información, y estamos tan poco interesados en todo lo que esté más allá de nosotros mismos y de nuestro circulo de amistades o en todo aquello que no podamos compartir con esos amigos, que si de pronto apareciera un Marx o un Nietszche rebosantes de ideas, nadie les prestaría ni la mas mínima atención, si duda no los medio generales, que han aprendido a servir a nuestro narcisismo.

Lo que augura el futuro es cada vez más información. Montañas de información. No habrá nada que no sepamos, pero nadie pensara en ello. Hay que pensarlo.

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